Alberto Carpo da forma a sus fantasmas interiores en esta atrevida obra que representa una pareja de novios el día de su boda. La composición está dividida en dos grupos. En el primero aparece la novia en compañía de sus progenitores. Una novia nacarada cuya desnudez velada exhibe un cuerpo vital y radiante. Un poco mas atrás el novio, flanqueado igualmente por sus familiares. Entre ambos grupos está tendido un perro, y unas sombras fantasmagóricas se proyectan en la pared del fondo, desde la que una enigmática mujer contempla la escena tras una puerta semiabierta que muestra una estancia ocupada por siluetas. El autor se representa a sí mismo en esta composición en la que cada elemento esta cargado de simbología. Alberto Carpo no busca la belleza en su pintura, sino un medio de expresión, un vehículo con el que profundizar sobre el conflicto de su propia existencia. Cada figura obedece a una descripción subjetiva del autor, del que es bien conocida su genialidad en la ejecución del retrato. Alberto Carpo sabe realizar verdaderas descripciones psicológicas de las figuras que retrata, extrayendo de cada una de ellas la esencia de su personalidad que materializa después en los lienzos, sirviéndose simplemente de unos cuantos trazos firmes y certeros. Excelentes las blanquísimas y radiantes transparencias de la novia en contraste con las figuras que la acompañan: grises imágenes indescriptibles, rostros sin rasgos, manos sin dedos
Y sin embargo, estos elementos adquieren fuerza expresiva precisamente por la evidencia de su vacío. Lo mismo ocurre con el color, cuyo protagonismo se potencia precisamente por su ausencia. Una escueta paleta compuesta de grises azulados y negros crean una atmósfera particularmente íntima en la que no hay luces pero sí sombras.
LITERATURA:
Xabier Seoane, Alberto Carpo, Caixa Galicia, A Coruña 1987
Tarjeta postal de Exposición Alberto Carpo, sala Exposiciones de 4 Gats, Barcelona, 1985
Tríptico Exposición Alberto Carpo en Ayuntamiento de la Coruña, texto de Manuel Álvarez Torneiro, 1989