En el papel se tocan las tres dimensiones”. El caluroso y temprano acogimiento de la crítica a la escultura de Chillida hace olvidar en ocasiones la otra vertiente, igual de importante en su trabajo, de dibujante y grabador, disciplinas que cultivó constantemente a lo largo de toda su trayectoria artística. Pero tanto el arte gráfico como la escultura de Chillida pertenecen, en el fondo, al mismo universo de formas inconfundibles.Sus primeros coqueteos con el dibujo al natural se producen durante su estancia en Madrid, a donde llega en 1947. Al año siguiente se traslada a París, coincidiendo con Sempere, Guerrero y Palazuelo, donde vive una etapa crucial de búsqueda de sí mismo y orientación de su evolución artística. De aquel momento data el presente dibujo, una figura femenina que evidencia el interés de Chillida hacia los volúmenes y en la que fácilmente se pueden interpretar los primerísimos rasgos de su escultura. Igual que sus frecuentes dibujos de manos –con la mano izquierda se pintaba la derecha, a pesar de ser diestro para, según él, no condicionar la resolución figurativa a la habilidad física- se percibe la proyección gestual y el trazo limpio de sus dibujos. Se aprecia ya la tendencia al bloque, la forma contundente y gruesa que tanto va a influir posteriormente en el informalismo de la pintura vasca. El interés de Chillida se basa en la búsqueda de una forma autónoma que limita el espacio del papel, determinando áreas que quedan encerradas dentro de esas líneas o excluidas de ellas.
Exposiciones:
* Galería Maeght, París
* Eduardo Chillida, Galería Colon XVI, Bilbao, 2003 (repr. color p.17)
* Eduardo Chillida, Galería G. de Osma, Bilbao, 2004 (repr. color)
Literatura:
* Catálogo Exposición “ Chillida “, Galería Colon XVI, Bilbao; Galería Guillermo de Osma, Madrid, 2003-2004
* Werner Schmalenbach, Eduardo Chilida, Dibujos–Volumen I: Desnudos, 1948 – 1951, Ediciones Polígrafa, 1979 (repr. p. 13)