Fundacion Maria Jose Jove

/ Fernández Gago, Elena (1940 - ) / Biografía del autor
6 Obra(s):
María Elena Fernández-Gago Díaz nace en La Coruña, en una fecha que por simpática coquetería de la pintora, no se conoce con exactitud. Sus primeras andaduras artísticas se inician en su ciudad natal, de la mano de Dolores Díaz Baliño. Más tarde su formación continua en Madrid, donde ingresa en la escuela de Bellas Artes de San Fernando y asiste a las clases impartidas en el Circulo de Bellas Artes. En 1959 realiza sus primeras exposiciones, al mismo tiempo que cursa estudios de música y viaja por numerosos países del mundo enriqueciendo sus conocimientos pictóricos y vitales. En la década de los setenta ha alcanzado ya un prestigio de sobra merecido y lleva a cabo numerosas exposiciones, no sólo por diferentes ciudades españolas, sino también por diversos países como Alemania, Bélgica, EEUU o Japón, cosechando en todas ellas numerosos éxitos tanto del público como de la crítica especializada. Su pintura ha sido ensalzada públicamente por personalidades como Miguel González Garcés, Camilo José Cela, Cunqueiro o Camón Aznar, entre otros. Desde sus comienzos, Elena Gago apunta hacia un realismo poético que no busca el virtuosismo técnico con el que hacer una representación exacta de la realidad, sino un realce de los valores pictóricos para producir el efectismo espacial y lumínico de los elementos representados. Estos hacen referencia normalmente a objetos cotidianos que llenan espacios interiores cargados de sosegado silencio.
Elena Gago reproduce en esta obra un amplio espacio interior ocupado tan sólo con unos cuantos objetos simétricamente dispuestos y por la presencia de una puerta, una apertura de escape y una razón para disfrutar plásticamente de un juego de perspectivas y contrastes geométricos entre planos. Nada divierte tanto a la pintora como idear fórmulas para que, a partir de la superficie plana y bidimensional del lienzo, los objetos representados alcancen proyecciones tridimensionales y consigan la ilusión óptica de alejamiento de la superficie pictórica. La autora quiere elevar a la categoría de bello cualquier objeto representado y consigue que todos y cada uno de ellos produzcan, al ser observados individualmente, un deleite óptico por el mero valor plástico que le ha sido otorgado. El empleo de colores extremadamente fríos, la reducida gama tonal, la configuración espacial desoladoramente amplia, la pulcritud técnica, la tersura exterior o, en definitiva, la inquietud de la soledad y el silencio representados con cada trazo, producen en el espectador una sensación sincrónica de destemplanza y seducción.

Cuando Elena Gago reproduce la escena de un interior no pretende hacer una fiel imitación de la realidad ni un ejercicio de destreza técnica, sino que busca la captación de un ambiente a través del efectismo lumínico y espacial que otorga a los objetos representados, aunque éstos sean tratados con un lenguaje de pronunciado realismo. Una fuente de luz invisible va realzando los valores formales de los elementos compositivos, enfatizando las gradaciones tonales y los juegos de luces y sombras. Los colores guardan una armonía serena, no hay lugar para los contrastes violentos. Incluso cuando lleva a cabo el tratamiento de las sombras, éstas proyectan unas tonalidades dulces e irreales. El procedimiento técnico empleado no deja lugar a la improvisación. La autora disfruta ejecutando con delicadeza lo que previamente ha calculado con esmerada dedicación. La granulosidad superficial obtenida en el tratamiento de las sombras es dulcemente absorbida por la tersura del estrato pictórico Cuando Elena Gago reproduce la escena de un interior no pretende hacer una fiel imitación de la realidad ni un ejercicio de destreza técnica, sino que busca la captación de un ambiente a través del efectismo lumínico y espacial que otorga a los objetos representados, aunque éstos sean tratados con un lenguaje de pronunciado realismo. Una fuente de luz invisible va realzando los valores formales de los elementos compositivos, enfatizando las gradaciones tonales y los juegos de luces y sombras. Los colores guardan una armonía serena, no hay lugar para los contrastes violentos. Incluso cuando lleva a cabo el tratamiento de las sombras, éstas proyectan unas tonalidades dulces e irreales. El procedimiento técnico empleado no deja lugar a la improvisación. La autora disfruta ejecutando con delicadeza lo que previamente ha calculado con esmerada dedicación. La granulosidad superficial obtenida en el tratamiento de las sombras es dulcemente absorbida por la tersura del estrato pictórico

LITERATURA:

Cat. exposición 80 años/800 artistas coruñeses. Ed. FMJJ, dic. 2008 (ilustrado)

La sensación de tibieza que produce el enfoque frontal y simétrico de los elementos representados, un sofá flanqueado por dos columnillas bajo un grupo de cuadros, queda neutralizada por la fogosidad de color rojo predominante.El protagonismo no pertenece a los objetos representados, sino al valor espacial y lumínico que la autora otorga a cada uno de ellos. Una luz tamizada entra en la estancia, definiendo las siluetas de los elementos, graduando delicadamente sus luces y sombras, envolviéndolos en una atmósfera intima y poética. La imprecisión de la escena, con respecto a un tiempo o a un lugar, hace que prevalezca una plástica dominada por la estética en sí misma. Elena Gago pinta con verdadero placer y su meta es la búsqueda de un ambiente, de un estado de ánimo, de una sensación. La pintora consigue que los objetos representados, a pesar del manifiesto lenguaje realista con que son tratados, adquieran una peculiar individualidad que los hace parecer extraídos del mundo real para ser envueltos en un halo romántico de ensoñación.
6 Obra(s):
  • Interior con sofá y plantas
  • Interior con sofá y cuadros
  • Interior rojo