Tras el estallido de la segunda guerra mundial, Bores y su familia permanecen una temporada en San Juan de Luz con Matisse, posteriormente regresan a París y finalmente, en 1943, ante la inestabilidad económica, su familia regresa a España y Bores continúa, pese a todo, trabajando en París durante dos años. De aquel momento es este Bodegón con despertador, que tras su ejecución entregaría a la Galeria Alfred Poyet, con la que se había comprometidos dos años antes. Aunque, como bien apunta su nieta Helen Dechanet en el Catálogo razonado del autor, entonces la mayoría de los bodegones de Bores presentan, repetidamente frutas, hortalizas y otros tipos de alimentos - curiosamente en una época de precariedad económica -, en este bodegón los protagonistas son elementos simbólicos tales como la pipa, el libro o la fruta, objetos que remiten a los sentidos, tantas veces representados, con uno u otro estilo, entre los pintores de Montmatre. Incluso la ambigüedad de significados para otros elementos de la composición puede considerarse así mismo característico. Los objetos se hallan dispuestos sobre una mesa, que no llega a confundirse con el fondo, y así se logra una cierta sugerencia de espacio. En un principio el pintor pintaba formas y líneas reconocibles sobre una base abstracta, dando lugar a la denominada figuración lírica, que recuerdan a Cézanne, Derain o Matisse, dando lugar, poco tiempo después, al nacimiento del concepto de pintura fruta, la pintura que alimenta el placer de los sentidos, aquella que se saborea con la vista. Fue, precisamente, la pureza de la plasticidad lo que Bores buscó a lo largo de toda su vida De la magnífica sutileza de las escenas de interior de la década de los treinta, Bores evoluciona hacia la búsqueda de una espacialidad de planos, de superficies y colores más condensados. Así, en el inicio de la década de los cuarenta, tal y como se aprecia en este bodegón, se aleja por un momento del lirismo que alimenta la producción de esta época para dar paso a una composición más construida. Ahora los elementos son más explícitos y muestran mayor corporeidad en relación a épocas anteriores, aunque sin perder el sentido de la síntesis plástica. La obra cautiva por los ritmos suaves y curvilíneos, acentuados por el grosor de los negros contornos. Sus formas de apariencia blanda y sinuosa la hacen extraordinariamente sugerente.
EXPOSICIONES:
LITERATURA: