El apoyo dispensado al arte, en sus diversas disciplinas, por parte de las instituciones oficiales y la burguesía de la floreciente época catalana del tránsito de los siglos XIX y XX, hizo posible que los artistas barceloneses, que en aquel momento formaban la bohemia generación de Els Cuatre Gats, pudieran desarrollar sus trayectorias artísticas con relativa desenvoltura. Joaquim Mir, como muchos artistas e intelectuales de entonces, plasmará mediante su pintura y durante toda su vida artística los emotivos sentimientos hacia su tierra, de la que nunca quiso alejarse, ni tan siquiera al París del cambio de siglo, punto de peregrinación de la vanguardia artística universal.
En 1897 Mir pide permiso a Antoni Gaudí para entrar en el recinto de las obras del templo de la Sagrada Familia, cuya construcción se había iniciado en 1882, para pintar la magna construcción que se estaba erigiendo. En los dos años que permanece trabajando el los alrededores de la catedral, además de realizar numerosos dibujos preparatorios y pequeños óleos del tema, compone varias telas de gran tamaño, entre las que se encuentra la presente composición, que recoge la panorámica más amplia del entorno del templo, entonces una zona suburbial barcelonesa.
A diferencia de otras versiones del tema, incluida La Catedral de los pobres, presentada el mismo año de su ejecución en la IV Exposición de Bellas Artes de Barcelona y hoy perteneciente a la Colección Carmen Thyssen, la que ahora exponemos evidencia un tratamiento pictórico sin duda más moderno. La pincelada deshecha y la sintetización del plano medio de la composición anuncian los fabulosos paisajes semiabstractos del Mir inmediatamente posterior. Según los estudios llevados a cabo por Francesc Fontbona, resulta confuso distinguir el orden cronológico de estas obras. Pero esta podría ser, según el profesor, “una recapitulación final de todos los trabajos realizados por Mir ante el templo de Gaudí”.
La presente Sagrada Familia en construcción, que en su origen perteneció a los barones Guell, amigos y mecenas de Gaudí, muestra fielmente el mundo plástico del Mir de la primera época en cuanto a las cualidades técnicas y la temática social. Partiendo del esquema habitual de planos y diagonales, la composición toma un grupo de mendigos en primer plano, ante una explanada semivacía a pleno sol. Al fondo, cerrando la escena, se levanta el templo en construcción. El pintor toma una escena cotidiana de un suburbio barcelonés como tema en sí mismo, ya que la construcción del templo, a pesar de tener un importante valor documental, es un pretexto y no el objetivo de la composición. Por otra parte, la pintura esta plenamente enmarcada en las formas de La Colla del Safrá (el grupo del azafrán), el emblemático grupo de amigos formado por Isidre Nonell, Ramón Pichot, y Ricard Canals que, además de pintar los paisajes de los arrabales barceloneses, saturaban las composiciones con los colores amarillos cadmio y ocres, similares al azafrán.
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