La escena representa una procesión encabezada por varios monaguillos portadores de cirios. A continuación dos clérigos con vestidura ceremonial roja y albas transparentes llevan faroles de ceremonia y lucen capelo rojo. Seguidamente aparece un deán, en actitud de recogimiento, quien bajo el alba, con los brazos elevados, insinúa que porta la Hostia consagrada. Otro clérigo porta un quitasol, a modo de palio de camino, de forma circular. Tras él, otros dos clérigos con faroles, seguidos de una multitud ya sólo insinuada. A pesar de la ejecución minuciosa, sorprende la extraordinaria soltura, la pincelada nerviosa y breve, así como la captación de la luz de amanecida. Se trata de una pintura de gran frescura. La luminosidad se concentra en las montañas nevadas del fondo. En un alarde de dominio técnico, nos encontramos con una obra sin capa previa de preparación, en donde la pintura se ha depositado directamente sobre un soporte de madera que se deja entrever a menudo en las montañas nevadas, como si fueran reflejos anaranjados.
EXPOSICIONES:
- Con Mirada Propia, Palacio Municipal Exposiciones Kiosko Alfonso,A Coruña, FMJJ, 2007
- Itinerarios Artísticos, Museo do Pobo Galego, Santiago; Museo prov. BBAA, Pontevedra; Diputación Provincial Ourense, Diputación Provincial Lugo, FMJJ, 2006
LITERATURA:
-Pérez Calero, Gerardo. Arte y Coleccionismo: Obras selectas españolas del S.XIX en la Fundación María José JOve, Laboratorio de Arte, Universidad de Sevilla, Sevilla 2009
De mentalidad apasionadamente romántica, Serafín Avendaño (Vigo, 1837-Valladolid, 1916) recibe enseñanzas de Esquivel y Vilaamil. Reside largamente en Italia, donde alcanza fama extraordinaria como paisajista. Su pintura es de una gran frescura, anticipandose a alos modos impresionistas. La mancha es nerviosa, suelta, y la captación de la luz, insuperable. El paisaje como pura sensación lumínica.
Exposiciones:
Literatura: