Soledad Sevilla se ha dedicado desde los inicios de su carrera pictórica en la década de los años 70 a la abstracción, en un principio geométrica, combinando esta disciplina desde los años 80 con la realización de instalaciones. Desde sus primeras obras tan rigurosas y disciplinadas, la artista comenzará a abrir su estilo poco a poco en los 80 hacia una investigación del comportamiento de la luz, a la captación de la atmósfera y del aire. Posteriormente, en los 90 el interés por la naturaleza se reflejará en su obra, después de pasar largos ratos observándola y viendo lugares concretos que retratará siempre de forma abstracta. La obra Insomnio de Valencia (óleo sobre lienzo, 140x250 cm., 2003) es una composición de grandes dimensiones que se mantiene en el limite que separa la abstracción de la figuración. Para ello elabora una obra basada en el color, en la pequeños detalles remiten a la naturaleza y con la que se aproxima a planteamientos impresionistas en cuanto al color, la textura y el ambiente. Esta obra forma parte de una serie que Sevilla realizó bajo el nombre de Insomnio, haciendo referencia al tiempo que la autora se pasó sin dormir para crear unos lienzos de gran formato en los que recrea la naturaleza como protagonista y con el color negro como nexo de unión. Este conjunto de obras fueron elaboradas en su estudio de Granada y se definen como una mutación entre la realidad y la ficción, entre lo que vio en el campo y en la ciudad. La propia artista define así su trabajo: “Los insomnios son muy creativos. Por la noche, cuando no logras conciliar el sueño, se ve todo más claro y es más fácil resolver problemas, desde asuntos domésticos hasta los relativos a cómo abordar un lienzo en blanco. Mis nuevos cuadros han nacido en la oscuridad, lo que no quiere decir que haya que identificarlos con el tormento, la amargura o la pena. El negro es un color más y con él se pueden conseguir efectos sorprendentes”. Esta serie está muy vinculada estilística y técnicamente a la titulada El mundo a mi manera, abordada en el mismo año de ejecución de Insomnio de Valencia, en la que también recreó lugares de Huelva, pequeños parajes y lugares concretos, que abundan en el detalle. En ambas series se refleja el cambio de técnica que realizó la pintora tras sufrir una enfermedad que la obligó a afrontar los grandes formatos de una forma más pausada, dedicándole más tiempo a cada pieza y deteniéndose en su elaboración. De esta forma, la pintora crea unos espacios que parecen infinitos, estableciendo una relación muy personal con la pintura, en la que el concepto de sublime sobre el que trabajaron los románticos se hace de nuevo patente.
EXPOSICIONES:
El Espejo Que Huye. Obras Colección FMJJ; Centro Cultural Palacio Revillagigedo, FMJJ-Cajastur, Gijón, 2009
LITERATURA:
David Barro, Cat. El Espejo Que Huye. Obras Colección FMJJ, Ed.FMJJ-Cajastur