Los Políticos es una obra realizada durante los últimos años de estancia de Jiménez Aranda en París, donde permaneció instalado entre 1881 y 1890, una época durante la cual pinta frecuentemente y con notable éxito escenas ambientadas en el siglo XVIII y de casacones. Los Políticos, de correcta composición y colorido, representa la escena habitual de unos hombres ataviados elegantemente a la usanza dieciochoesca que conversan en torno a la mesa de una taberna en un ambiente intimista. Es interesante destacar la expresividad de las posturas y el estudio de los rostros. El grupo situado a la derecha, así como el reflejado en el espejo imprimen continuidad espacial a la estancia, que el espectador intuye amplia y animada. Es notable el personaje que, como si se tratara de una toma fotográfica, cruza por delante de la escena tapando el lazo izquierdo de la composición, y cuya casaca morada el pintor trabaja con esmerado detallismo. Técnicamente el cuadro es de una gran calidad. Destacan los detalles de los complementos y el bodegón, vestigios de la herencia fortuniana, que crean el pintoresquismo de la escena, así como el tratamiento de la iluminación en planos bien diferenciados de luz y penumbra.
EXPOSICIONES:
LITERATURA:
Lejos de la época romana marcada por el preciosismo heredado de Fortuny, o la colorida etapa parisiense, La echadora de cartas está enmarcada dentro del último y más sobresaliente periodo de la trayectoria artística de Jiménez Aranda. Fechada en 1993, año en el que abandona Madrid para instalarse definitivamente en su Sevilla natal, La echadora de cartas muestra la preferencia del pintor en esta época por las escenas de carácter cotidiano y temas sociales con trazas naturalistas. La obra, de tratamiento extraordinario, muestra el interés de Jiménez Aranda por el estudio de la luz en los interiores. En esta ocasión, el contraste de la luz solar que entra por la ventana y la penumbra propia del cuartucho de la adivina da origen a sugerentes efectos de luz sobre los personajes, principalmente en manos y rostros, que unido al trasluz azul de la desgastada cortina, imprimen a la composición un extraño y bellísimo intimismo.
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BIBLIOGRAFÍA: