Cristina Iglesias es una de las artistas plásticas más relevantes en el panorama nacional e internacional. En su trabajo, la autora muestra un gran interés por contrastar diferentes texturas y materiales en piezas que se relacionan de un modo muy especial con el espacio que las envuelve. De sus creaciones se podría decir que tienen voluntad arquitectónica, al tiempo que combinan en su estilo la tradición española, la vanguardia histórica y la corrientes conceptuales que se desarrollaron en los años 70. Los escultores minimalistas de esta época trabajaron sobre lo que se denominó campo extendido, en el que la esculturas fueron colonizando el espacio que las rodeaba, dialogando con el espectador, obligándolo a mantener una relación física con las obras. A finales de la década de los 90, y coincidiendo con la consecución del Premio Nacional de Artes Plásticas, Iglesias comienza a idear estancias laberínticas que invitan a quien observa a adentrase en ellas. En este contexto surge la obra Habitación vegetal IV (resina pintada, 250x185x220 cm., 1999) en la que Cristina Iglesias recrea un pasadizo orgánico, con las paredes convertidas en muros vegetales a partir de un dinámico desarrollo que invita a su recorrido. La escultura interacciona con el espectador ya que para observarla en su totalidad hay que adentrarse en ella. Así, se genera una especie de escenografía que hacen que el espectador observe una puesta en escena y lo transporte a un mundo imaginario que parte de lo tangible. Las estructuras verticales están plagadas de formas vegetales, de ramas que se entrelazan entre sí hasta ocupar toda la superficie causando una sensación de horror vacui. La incidencia de la luz crea sensaciones que nos hacen sentir en un entorno vegetal. Los motivos vegetales son constantes a lo largo de la trayectoria de la escultora, la mayoría de las veces conformando una maraña que se extiende por toda la superficie. Sin embargo, estas vegetaciones no son reales, sino evocaciones que recrea la autora inspirándose en la naturaleza. De esta forma logra un ilusionismo que embauca al espectador, proponiéndole de nuevo una interacción con la obra para que desentrañe esta mentira. Para completar el juego óptico, la autora reproduce a través del uso de diferentes materiales la textura y aspecto de materiales nobles como el bronce al trabajar con resinas o maderas que recubre con polvo de bronce, hierro o cobre, que posteriormente serán patinadas para lograr esos efectos. De esta forma, los materiales más contemporáneos sustituyen a los clásicos, pero sin dejar de imitarlos. Cuando se afirma que las esculturas de Cristina Iglesias dialogan con la arquitectura, hay que remontarse a las edificaciones de época barroca, diseñada para impactar, para potenciar los efectos escenográficos, para crear ilusiones que fascinaran a los viandantes con juegos de luces y sombras, de texturas y de recorridos dirigidos como las grandes plazas a las que se desembocaba desde calles angostas. Así, las obras de esta escultora dialogan desde esta relación con el espacio y el modo como ésta es captada por el espectador.
EXPOSICIONES:
LITERATURA: