Am Grunde der Moldau (inscrp. áng. sup. izq.)
Drei Kaiser (inscrp. áng. sup. dch.)
Am Grunde der Moldau… ( En el fondo del río Moldau…) con estas palabras comienza el verso de Bertold Brecht titulado Das Lied von der Moldau ( La canción del Moldau), que versa sobre de las piedras que, sin entender de fronteras, vagan libremente por el fondo del río. En su recorrido por la República Checa, el río Moldau atraviesa la región de Moravia, donde se gestó la batalla de los Tres Emperadores (Drei Kaiser) o Batalla de Austerlitz, en 1805.
La obra de Keafer, uno de los creadores más importantes de nuestro tiempo, es una continua referencia a ciertos hechos históricos, culturales y geográficos que se solapan entre sí, a la vez que se entremezclan entre inspiraciones literarias y poéticas. Para tratar inquietudes universales, Kiefer alude constantemente a la historia, abordando temas como el pasado nazi de su país, una cuestión que asoma constantemente en sus obras de forma más o menos explícita. Kiefer nació en 1945, todavía activa la II Guerra Mundial, y creció siendo espectador de la desmembración sufrida en su país. La razón se ser de la obra de Kiefer, que nunca es complaciente, hay que buscarla en el rescate de la memoria histórica y la exploración de los fundamentos de la condición humana.
Bajo el estímulo literario, Am Grunde der Moldau además de aludir a aquellos asuntos referentes a hechos históricos o a la ubicación geográfico-histórica, hace referencias a la ciencia y el destino. En este sentido, Keafer recuerda al poeta futurista ruso Velimir khlebnikov y su visión cíclica de la historia, que predijo que las catástrofes bélicas se producen cada 317 años. En su memoria y en la de todas las batallas, Keafer reproduce de forma recurrente buques o aviones de la II Guerra Mundial. En Am Grunde der Moldau la presencia de uno de esos barcos, monumental y melancólico, las enormes piedras que vagan por un fondo sin fronteras y la densidad y agitación de un mar intensamente azul oscuro conforman una escenografía que deja al espectador inexorablemente perturbado.