Autores

Abelenda Escudero, Alfonso (1931 - )

Alfonso Abelenda Escudero, décimo nieto generacional de María Pita, es hasta el momento el último eslabón de una estirpe de artistas coruñeses entre los que figura padre, un excelente dibujante; su madre, pintora; su bisabuelo, constructor del ensanche de La Coruña y su tío abuelo Francisco Escudero, autor del obelisco coruñés y afamado escultor. Abelenda nace en la ciudad herculina y es allí donde recibe sus primeras lecciones de pintura, con Antón García Patiño. Inquieto y emprendedor, a los 18 años decide estudiar arquitectura en la Escuela Superior de Madrid, donde además prosigue su aprendizaje artístico. En el 51 realiza su primera exposición individual en la vanguardista librería Lino Pérez de su ciudad natal. De nuevo en Madrid colabora en la revista de humor Don José y más tarde en La Codorniz. Su vida entonces transcurre entre Santiago, donde comienza a estudiar Ciencias Exactas, La Coruña y Madrid. Realiza exposiciones en Londres, París, Caracas, Méjico…, así como colaboraciones y diseños para las ferias mundiales de Bruselas y Nueva York. En el 68 recibe la primera medalla del Salón Internacional de Humoristas. Colabora frecuentemente en producciones cinematográficas. Su obra cuelga en importantes colecciones publicas y privadas dentro y fuera de Galicia. Abelenda posee un lenguaje plástico propio de raíz marcadamente expresionista. El lirismo y la ironía constituyen los cimientos sobre los que se erige una pintura figurativa que juega constantemente con la abstracción de las formas. Además de excelente dibujante, Abelenda domina perfectamente la técnica y los colores. En sus obras nada es casual y cada pincelada es fruto del saber hacer.

Obras

Dársena
La cogida del picador

Dársena (1997)

Óleo sobre lienzo

54 x 65 cm

Es este un rincón de La Coruña que muchos pintores han intentado llevar a sus lienzos y pocos lo han conseguido con el vigor y personalidad de Alfonso Abelenda. Al pintor le gusta profundizar en los temas y hacer innumerables versiones de un mismo motivo, bien sea un florero, una figura, un paisaje o, como en este caso, el puerto de su ciudad natal, coronado por sus galerías de cristal. De esta escena ha hecho Abelenda un gran numero de interpretaciones, con el atractivo y la virtud de ser diferentes cada una de ellas. Y siempre excepcionales. La marina del primer plano esta ejecutada a partir de pinceladas horizontales que parecen flotar, como los barcos a los que representa, en contraposición con las arquitecturas que se levantan tras ella en contundente verticalidad. La sensación general de vibración que experimenta el espectador al contemplar la obra viene dada por el protagonismo concedido a la capa de preparación, de color extremadamente caliente, que el autor utiliza para extraer las líneas de los contornos. La obra es una bella confluencia de colores, entre los que destacan los afamados morados y azules del pintor, líneas de dibujo y texturas, a base de pinceladas anchas que a su paso van dejando unas huellas empastadas y firmes.

Bibliografía:

    *      Cat. exposición A Coruña, a cidade na arte.Museo Belas Artes A Coruña, Xunta de Galicia,Febrero, Marzo 2009,Repr. p. 165

    *      Cat. exposición 80 años/800 artistas coruñeses. Ed. FMJJ, dic. 2008 (ilustrado)

La cogida del picador (1997)

Óleo sobre lienzo

81 x 73 cm

Abelenda resuelve magistralmente el esquema compositivo de un tema intrínsecamente complicado en el que toro, caballo y picador son retratados tras la cogida de este último, cuando todos caen al ruedo, formando una compacta unidad argumental. El autor utiliza un lenguaje pictórico de marcado carácter personal en el que partiendo de una figuración de apoyo, va sustrayendo las líneas y formas hasta que estas se transforman en manchas certeras que sólo adquieren coherencia cuando se contemplan en su conjunto. A partir de una capa preparatoria rosa, la obra es una fiesta de múltiples tonalidades. Ningún color es igual a otro y cada uno lleva consigo ricas derivaciones cromáticas, como el negro del toro, el color que significa la negación del color, y del que sin embargo Abelenda consigue extraer variados matices.