Autores

Pérez Villaamil, Genaro (1807 - 1854)

Aunque desempeñó a la muy temprana edad de cinco años el cargo de Ayudante Profesor de Dibujo, bajo las órdenes de su padre, en el Colegio Militar de Santiago de Galicia, Jenaro Pérez Villaamil y Duguet parece que comenzó su trayectoria artística como pintor en 1830, tras una brillante carrera militar. A pesar de su temprana muerte, acaecida cuando contaba 47 años, Perez Villaaamil fue un fecundísimo artista que dejó más de veinticinco mil obras, entre pinturas y dibujos, según diferentes fuentes. Nacido en Ferrol, Villaamil trabajó temas de muy diverso carácter, desenvolviéndose con talento en los exteriores o interiores de catedrales, paisajes, reconstrucciones históricas o escenas de batalla. Reconocida una primitiva base paisajista y escenográfica, la estructura artística de Villaamil esta dominada por un romanticismo que se adecua perfectamente con sus ideales y personalidad, formando un vehículo idóneo a través del cual expresarse. Este gallego internacional obtuvo la admiración de figuras ilustres de su tiempo y es reconocido como uno de los máximos exponentes del romanticismo español.

Obras

Arboles
Paisaje con figuras orientales
Invierno
Verano

Arboles (1843)

Óleo sobre tabla

18 x 33 cm

En esta obra de pequeño formato y gran maestría técnica, Villaamil compone unos árboles que, dominando toda la composición, apenas dejan hueco para un resquicio de luz. Con la habilidad que lo caracteriza, el autor consigue dotar de volumen a unos elementos casi monocromos y carentes de contrastes lumínicos. La materia pictórica esta trabajada con verdadera soltura. Se alternan zonas donde la pintura está notablemente diluida con otras de finos empastes calculados. Todo ello cubierto con veladuras translúcidas que derivan en una pintura jugosa y de calidad. A pesar de apreciarse una pincelada rápida y suelta, en la pintura de Villaamil nada es casual. Por el contrario, se trata de una obra en la que destacan prodigiosas manchas efectistas, aplicadas con precisión y originalidad, hasta convertir unos árboles en elementos elegantemente idealizados, envueltos en un velo de fantasía romántica. Es un fragmento de naturaleza donde las formas se insinúan, seduciéndonos, en una mezcla de verdad y ficción perfectamente combinadas.

Paisaje con figuras orientales (1851)

Óleo sobre lienzo

28 x 35 cm

Además de ser el paisajista romántico español más importante, Genaro Pérez Villamil es el importador de la pintura orientalista en nuestro país, un género ya cultivado entre otros pintores europeos como una derivación de la expresión romántica. A lo largo de toda su etapa considerada como de plenitud romántica, desde 1833 - cuando su pintura se ve influenciada por el escocés David Roberts - hasta su muerte, más de veinte años más tarde, Villamil se interesó seriamente por la temática orientalista, del que se conocen aproximadamente una cincuentena de obras. A juicio del estudioso D. Enrique Arias Anglés, la escena representada en esta obra esta basada en un detalle de otra obra mayor, titulado Ruinas en las inmediaciones de Jerusalén (Patrimonio Nacional, Madrid), fechado en 1845, en el que Villamil representa varios grupos de árabes entre un paisaje formidable de restos arqueológicos. Uno de esos grupos ha sido extraído y utilizado como tema principal en esta obra, aunque introduciendo ciertas variaciones respecto al primero, principalmente en el paisaje. En el estudio de Arias Anglés también se hace una interesante relación entre las montañas de esta obra y las que aparecen en Los picos de Europa (Patrimonio Nacional, Madrid). Destaca la paleta empleada, en la que abundan los morados, dorados y ocres rojizos, cuya calidez se ve potenciada por la capa imprimatoria subyacente, de color rosada, que se deja translucir en las zonas más diluidas de la pintura, formando parte activa del resultado final. En estas zonas, además, se entrevé un dibujo subyacente realizado con grafito. Como es característico en ciertas obras de Villamil, la fluidez técnica del fondo se combina con el tratamiento empastado empleado en las figuras, en las que resaltan los hilillos de óleo o pequeñas pinceladas cargadas de materia, excepcionalmente tratadas en la figura sentada de espaldas. La obra esta realizada dos años antes de su fallecimiento y, curiosamente, esta firmado como Villa – Amil, de la misma manera que aparece transcrita en algunos diarios de las primeras décadas del S. XX.

Invierno (1828)

Óleo sobre lienzo

37 x 48 cm

La primera etapa de Pérez Villaamil comprende una producción reducida, de estilo prerromántico, inspirada en el barroco flamenco del siglo XVII y el neoclasicismo francés. En este periodo, sus obras, de carácter ecléctico, presentan amplias perspectivas escenificadas en las que incluye arquitecturas y personajes populares, anunciando su etapa romántica posterior, influida por su amistad con David Roberts. 

La pareja de obras “Verano” e “Invierno”, remitente a la pintura de Vernet, ilustra el estilo personal del pintor, caracterizado por la disposición en diagonal de los árboles, los personajes realizados con abundante empaste y toques de colores cálidos y la inclusión de promontorios rocosos. Representa dos paisajes imaginarios, de amplias perspectivas, en los que el celaje cobra protagonismo. Conjuga la suavidad de una luz dorada con un colorido brillante para lograr una atmósfera lírica y una sensación de ensueño.

En “verano”, un templo clásico ruinoso, ubicado en una colina, domina un paisaje lumínico que desaparece en el horizonte. Los personajes equilibran la composición actuando como puntos de luces independientes. “Invierno” nos ofrece un panorama difuminado, construido con múltiples diagonales, donde se advierte un molino ubicado en una superficie llana. En consonancia con el tema, representa un ambiente cargado de melancolía, a través del empleo de una paleta apagada.

Verano (1828)

Óleo sobre lienzo

37 x 48 cm

a primera etapa de Pérez Villaamil comprende una producción reducida, de estilo prerromántico, inspirada en el barroco flamenco del siglo XVII y el neoclasicismo francés. En este periodo, sus obras, de carácter ecléctico, presentan amplias perspectivas escenificadas en las que incluye arquitecturas y personajes populares, anunciando su etapa romántica posterior, influida por su amistad con David Roberts. 

La pareja de obras “Verano” e “Invierno”, remitente a la pintura de Vernet, ilustra el estilo personal del pintor, caracterizado por la disposición en diagonal de los árboles, los personajes realizados con abundante empaste y toques de colores cálidos y la inclusión de promontorios rocosos. Representa dos paisajes imaginarios, de amplias perspectivas, en los que el celaje cobra protagonismo. Conjuga la suavidad de una luz dorada con un colorido brillante para lograr una atmósfera lírica y una sensación de ensueño.

En “verano”, un templo clásico ruinoso, ubicado en una colina, domina un paisaje lumínico que desaparece en el horizonte. Los personajes equilibran la composición actuando como puntos de luces independientes. “Invierno” nos ofrece un panorama difuminado, construido con múltiples diagonales, donde se advierte un molino ubicado en una superficie llana. En consonancia con el tema, representa un ambiente cargado de melancolía, a través del empleo de una paleta apagada.

 

LITERATURA:

Pérez Calero, Gerardo. Arte y Coleccionismo: Obras selectas españolas del S.XIX en la Fundación María José JOve, Laboratorio de Arte, Universidad de Sevilla, Sevilla 2009