Autores

Quessada, Xaime (1937 - 2008)

Jaime Quesada Porto nace en Orense, en plena Guerra Civil. Su educación artística, preludiada ya en el seno de su propia familia, comienza en la escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal. En 1956 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, y al año siguiente consigue la tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Quessada forma parte del grupo que su impulsor, el escritor Vicente Risco, denominó Os artistiñas, un grupo de jóvenes artistas orensanos que se iniciaban en diferentes actividades plásticas y entre los que se encontraban, entre otros, Virxilio o Acisclo. A los 25 años se traslada a París para estudiar grabado en la Escuela de Bellas Artes, disciplina con la que adquiere numerosos éxitos. A su regreso organiza el grupo Siete Artistas Gallegos, una versión ampliada del que formara Vicente Risco diez años antes. Con ellos expone por España, México y Estados Unidos. Hombre de naturaleza inquieta, observa los nuevos fenómenos plásticos que se presentan en su paso por los diferentes países, tomando de ellos aquello que le interesa. Resulta difícil hacer una relación de estilos o períodos artísticos de este pintor imaginativo y polémico que abordó la abstracción, el informalismo y una figuración a la que supo teñir de expresionismo y surrealismo. De naturaleza apasionada, Quessada es también un artista comprometido con los derechos humanos. Frecuentemente su pintura es una denuncia hacia la sociedad actual.

Obras

Maternidad

Maternidad ()

Pastel sobre papel

65 x 50 cm

Conocedor de todos los secretos del arte pictórico, Quessada es también un maestro en el empleo del pastel, como se evidencia en este dibujo de impecable factura.Es una exhibición de calidad, elegancia y ternura. Este último atributo, que no hay que confundir con la afectación, es una constante en su pintura, incluso en obras de temática sórdida. Quessada nos muestra sin complejos un dibujo de acusado lirismo, anatomías delicadas y rasgos dulces.Las honradas referencias a Picasso, a quien admira abierta y profundamente, son inevitables en este pastel de colorido impecable y trazos escasos pero suficientes. En relación con este hecho, y como anécdota, puede comentarse que en respuesta a la, ocasionalmente, mal interpretada asociación picassiana, hace ya tiempo que Quessada ha interpuesto otra ese a su apellido, en un gesto propio de la aguda y mordaz ironía que le caracteriza.