Los expertos aseguran que la educación sexual en la discapacidad debe ser una responsabilidad compartida y consensuada entre padres y educadores

La educación sexual y afectiva de las personas con discapacidad debe ser una “responsabilidad compartida y consensuada” entre los padres y educadores, por lo que es necesario que éstos dispongan de la información y de los conocimientos idóneos que les permitan trasmitir a los niños y adolescentes una formación adecuada en este ámbito, desde una perspectiva integradora y normalizadora.